viernes, 10 de enero de 2020

Una sombra liberada


Hola soy Verbena, compañera de juegos y algo más, de Raphael Coquine.
He escrito este relato, a petición suya, y se me ocurrió conjugar diferentes blogs de los que somos asiduos, para crear una constelación bloguera con gustos afines. De tal modo que puedas hacer click en el enlace del nombre de cada blog y puedas visitarlo.
Espero que os guste la idea y lo disfruteis tanto como yo al escribirlo.



Me llamo Verbena, y conocí a Raphael Coquine en una cena de amigos en un club liberal que hay en Madrid. Habíamos quedado dos parejas y Raphael y yo como ‘singles’. Estaban jana y renato, bruno y mía y nosotros; era una cita a ciegas.

Vestía una falda corta a cuadros y con vuelo plisado, recién estrenada para la ocasión, medias con liguero, tanga de hilo (me gusta sentir mis nalgas posándose directamente sobre la silla), y una blusa blanca entreabierta lo justo para que se viera el sujetador blanco, algo pequeño, que hacía que mis voluminosos pechos se desbordaran.

La velada transcurría tranquila, notaba la mirada de Raphael que se posaba con frecuencia en mí y en mis pechos desbordados, pero no le di mucha importancia.

Me levanté al baño (necesitaba arreglarme y comprobar que todo estaba en su sitio. Después de todo habíamos ido allí 'a lo que habíamos ido’). Me estaba mirando distraída en el espejo cuando de repente entró Raphael Coquine sin darme cuenta, y aproximándose hasta a mí por la espalda, me agarró de la cintura estrechándome contra él. Sentí su miembro bien duro y abultado como se apretaba contra mis nalgas y la tremenda excitación que traía. Me sorprendí. Tirándome del pelo hacia atrás me susurró algo mas que palabras:

— Tus mariposas de chocolate han encendido el rincón de una spankee.—me dijo.
Su falo estaba cada vez más apretado contra mi culo y con su mano derecha me agarraba mis senos. Yo sin saber muy bien porque en ese momento solté un:

— Yes Sir!

Ardiente y con deseo, él me testó, para comprobar mi lubricación (que no dejaba de correrse sobre el tanga).
— Eres el tacto del pecado ¿Quieres ser mi perrita? —me preguntó— A lo que yo contesté casi sin saber de dónde me salía aquel ardor, aquel fuego interno que aquel hombre estaba encendiendo en mi:

— Yes Sir, I want to be your perrita!!!

A lo que él se aprestó a darme mi primera instrucción como ‘perrita’:

— Cuando vuelvas a la mesa. Te habrás quitado las bragas, tu tanga y el sujetador, y me los darás. Yo te diré en qué momento. Cuando te sientes deja que tu culo y tu coño reposen en la fría y dura silla y que tus pechos bamboleen libremente bajo tu camisa transparente. Yo te enseñaré mi vida secreta —Y a continuación se marchó—.

Cuando regresé me sentía algo azorada, con el vientre vibrante, la piel erizada, los pezones erectos y duros y mis labios entreabiertos salivando. Cada vez que Raphael Coquine me miraba, recordaba la escena del baño y su tactosediento.
En una de esas miradas extendió su mano, quería su prenda, su premio… Despacio y con vergüenza le di lo que él ansiaba, me ruboricé y cuando rocé su mano varonil, firme, me estremecí, recordando su miembro erecto en mi culo en el baño. Nuevamente se me acerco al oído susurrándome:

Abre tu mente al placer. Levántate y con tu consentimiento, dirígete a la barra y agáchate para recoger ese pequeño paquete rojo que hay en el suelo, de tal manera que al agacharte tu falda se suba para arriba.

Abrí mucho los ojos y con asombro. Protesté:

— ¡Se verá mi culo! ¡No puedo!

Ante mi protesta, poso un dedo por mis labios para hacerme callar, al tiempo que con la otra mano me pellizcaba un pezón suavemente, me dijo:

— Tienes que ser una obediente nena

Me levanté nerviosa y si dar crédito a lo que estaba a punto de hacer, por aquel hombre, con su mirada intensa, sus manos seguras, su personalidad arrolladora, y sus órdenes tajantes, estaban sacando de mi la parte más sado sensual  y femenina.
Me acerque hasta la barra como Raphael me había indicado, me agaché de tal manera siguiendo sus instrucciones, que al hacerlo expusiera a la vista de todos los que estaban sentados en las mesas, cenando al igual que nosotros, pudieran ver como quedaban al descubierto mis piernas y la parte inferior de mis nalgas, que estaban desnudas. La mujer de negro que estaba en la barra en ese momento, se acercó hasta mí, y como si estuviera en combinación con Raphael Coquine, y supiera exactamente qué estaba pasando ante la vista de todos en el local, me propinó una cachetada en el trasero sin previo aviso, que me cogió por total sorpresa.
Ante mi asombro, pude ver de reojo la sonrisa de Raphael y de los que nos acompañaban en la mesa. Yo seguía allí perpleja, junto a la barra, hasta que aquella mujer de negro, volvió a darme otra cachetada, esta vez en la otra nalga. Y otra y otra más. Tras el disgusto inicial empezó a calentárseme la nalga y la entrepierna, también. Y me deje seduzir com prazer. Mientras aquella mujer azotaba mi culo con ritmo y con pasión. No quería dar marcha atrás porque me avergonzara todo lo que estaba pasando esa noche. Solo quería sentir, gemir, estremecerme, dejarme arrastrar por un placer nuevo e indescriptible. Dejar salir mi Yo Sapankee.
Estaba recibiendo una buena azotaina y por el espejo que estaba colocado justo encima de la barra y que cubría todo el local, podía ver caras desconocidas llenas de satisfacción, parejas desatadas y entregadas a juegos amorosos, toqueteos, metiéndose mano descaradamente… Parecía que yo había disparado la señal para que aquel local liberal comenzase a mostrar su verdadera actividad.

Raphael se levantó de la mesa en la que estábamos con las otras parejas, y se acercó despacio, contemplándome, con mi falda levantada aún y la mujer de negro mi lado. Me cogió del pelo y tiró un poco de él hacia atrás, de tal manera que ofrecía mis pechos a su mano. Me desabrochó lentamente los botones de la camisa hasta que mis tetas quedaron totalmente al aire a la vista de todos. Me apretó con fuerza los pezones, bajo su mano y pudo notar como rezumaba ‘miel’ por mi entrepierna…

— ¿Te gusta perrita? — Me dijo —.

— A lo que yo le conteste — Mi corazón y mi alma  Heart and Soul  son tuyas

En ese preciso instante comenzaron a levantarse otras personas de las mesas en las que estaban sentados y en principio se dedicaron a contemplar la escena que allí se estaba produciendo. Mientras Raphael Coquine me seguía metiendo mano a la vista de todos. Entre azote y azote en las nalgas, metía sus manos, bien en mi coño húmedo, bien algún dedo en mi ano, lo que me ponía aún más cachonda si cabe; para luego ascender por mi vientre hasta mis pechos, de nuevo.
Aquella fue la velada más erótica, sensual, lujuriosa, libidinosa, estremecedora y caliente que en mis 50 años había tenido jamás.
Raphael sacó del bolsillo una máscara antifaz y lo colocó tapando mis ojos de tal manera que no veía nada.
De repente sentí otras manos abordarme por mi grupa y deslizarse hasta mis entrañas. Sentí todos mis orificios ocupados. Mi culo, mi coño ocupados, entretenidos con manos expertas, unas finas otras rudas, otras deslizándose por todo mi cuerpo, deteniéndose por mis pechos, o bien entre mis piernas.

Así permanecí no sé cuánto tiempo, hasta que de nuevo Raphael se acercó al grupo y profirió un autoritario —¡Basta! — Me quito el antifaz y pude comprobar cuánta gente se había congregado para acariciarme—me llamó la atención especialmente que había muchas mujeres—Me susurró al oído:

—Por esta noche es suficiente, perrita. Vístete que nos vamos. Te llevaré a tu casa— Y selló sus labios contra los míos con un ansia que me hizo desfallecer en sus brazos con un ardor que jamás antes había experimentado.



sábado, 21 de diciembre de 2019

Entrenamiento de la perrita I

[1/11 9:19] Raphael Coquine: Instrucciones para completar el *entrenamiento* de la *Perrita Verbena*

[1/11 9:23] Al objeto de completar tu adiestramiento e ir entrenando para ser una buena perrita de ‘Daddy’, habrás de aceptar cada uno de los acuerdos, o no, que podrán ser ampliados, modificados o cancelados en el futuro, con un: Yes Sir su perrita lo hará, o cualquier otra fórmula que te   parezca. 

[1/11 9:25] 1. De ahora en adelante quiero que uses falda o vestido todo lo que puedas y en especial en casa, al objeto de tener el culo y el coño fácilmente accesible a mi inspección, a enseñarlo cuando te requiera, a meterte mano en el menor descuido o simplemente para azotar ese precioso culo que tienes.

[1/11 9:33] 2. De ahora en adelante y con el objeto de fortalecer tus nalgas e ir adquiriendo una mayor intensidad en el juego y aprender a controlar la excitación para prolongar al máximo el goce sexual, dejaras de llevar bragas.
Y te sentarás directamente sobre los diversos asientos que te toque sentar o que te ordene.

Si llega el invierno o por cuestiones de higiene, podrás llevar tanga de hilo, para que se te meta bien en el culo, dejando las nalgas al aire, para que sigan adaptándose y fortaleciéndose con el frio y con todas las texturas.
Si se enfrían mucho ya te las calentare yo con unos azotes, y también puedes aplicarte tu unos auto azotes.

En cualquier momento te pediré que te sientes en un sitio y reposes tus nalgas directamente en el asiento levantando tu falda o vestido.

Si no estamos juntos te pediré que me envíes una prueba de foto o un video por wasap para comprobar que la perrita está siguiendo su entrenamiento.

[1/11 9:37] 3. Para tus tetas y tus pezones usaras todo lo que puedas el sujetador con copa que te las levanta y libres por la parte de arriba al objeto de que tus pezones rocen con la ropa que lleves puesta y se vayan endureciendo también.

Llevaras siempre dos pinzas en el bolso y cuando te lo indique te las pondrás, tanto si es en la calle como en el trabajo, y te pediré que me envíes una foto para comprobarlo.

[1/11 9:40] 4. Cuando vaya a llegar a casa al mediodía te avisare unos 10 minutos antes , para que la perrita buena reciba a su papi como es debido.
Me esperaras a cuatro patas, con el culo al aire mirando para la puerta y las bragas en la boca, de tal manera que al llegar lo primero que vea sea el culo de mi perrita ofreciéndose a que le de unos azotes de bienvenida.


[1/11 9:41] 5. Cuando vayamos de compras o a un restaurante te pediré que entres al probador o al baño y te quites las bragas, las guardes en el bolso y al salir me las entregues en la mano, para que yo pueda olerlas y me las guarde.

[1/11 9:42] 6. Te azotare totalmente desnuda cuando el tiempo lo permita con los brazos en alto en el gancho de boxeo de la parte de atrás.

[1/11 9:43] 7. Te paseare del collar tirando de una cadena como a una buena perrita para que se vayan entrenando tus rodillas.

[1/11 9:45] 8. Llevarás al menos una vez al día la bola de entrenamiento del coño, al objeto de fortalecer los músculos de la vagina. Para cuando te compre el vibrador interno de coño con mando a distancia, y que no se te caiga.

Por sorpresa te pediré que te lo pongas o que me envíes prueba de que lo llevas puesto.

[1/11 9:48] 9. Para entrenar tu ano llevaras puesto a menudo algún plug anal para que se te vaya dilatando y así poder follarte por el culo algún día.
Me mandaras foto cuando te lo pida o te las hare yo mismo.

Además, cuando lo lleves puesto te azotare con el sobre el mismo, para que te provoque efectos más intensos aún.


[1/11 9:55] 10. En invierno por el frio, usaras todo lo que puedas falda o vestido por encima de las rodillas medias a media pierna sujetas con ligero, sin bragas y con tanga si acaso...

[1/11 9:58] 11. En casa y a la hora de comer, por poner un ejemplo, te sentaras sin bragas en la silla, con las piernas bien abiertas, que te dé bien el fresquito y si es necesario te atare las piernas a las patas de la silla.

De ahora en adelante procuras no cerrar ni cruzar las piernas.
Si lo haces a menudo serás castigada con azotes en el culo y en el interior de las piernas.

[1/11 10:04] 12. En casa te atare a menudo con cuerdas, brazos arriba o a la espalda, por ejemplo, te atare los pezones con una cuerda fina a la reja del balcón para que cualquiera pueda verte mientras te azoto el culo.


[1/11 10:05] Si no cumples estas normas o cualquier otra que te de recibirás un castigo de diez azotes en el culo que iras contando de uno en uno.

Tu Sir Daddy que te quiere más que a nadie y a nada en este mundo 
Y por supuesto todo esto y más será siempre consentido por ambas partes y como un juego para el disfrute sexual de ambos.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Adoro tu fuego

Adoro tus labios,
tu fuego al pasar.
Como bamboleas tus nalgas,
si sabes que te miro.

Adoro tu fuego,
beso tus pasos,
desatas la pasión más sádica
que hay dentro de mi.

Esos demonios que nada tienen que ver 
con un tal Grey.
¡Que sabrá ese de la auténtica lujuria!




sábado, 30 de noviembre de 2019

Algo más que palabras

A la invitación de la queridísima amiga y genial bloguera María
desde su blog Algo más que palabras con esta invitación tan sugerente:
ver una fotografía en pleno apogeo tu ser, pero sin ser descarada, puede ser eróticamente bella y nada tiene que ver con la pornografía. Una foto en la oscuridad con algo de luz. Por ejemplo. ¿No te atreverías a versar así?

He recogido el guante lanzado y me he atrevido a ello.
supongo que no es la mejor fotografía de las que se puedan hacer pero ahí esta.

¡Va por ti María!
Y gracias por mantener viva la blogosfera con tu naturalidad.



jueves, 28 de noviembre de 2019

Oda a un culo.


Te adoro.
Adoro la tersa piel suave que acaricio.
Adoro ese tono pálidamente sonrosado.
Adoro cuando mi mano se posa suave y aprecia las curvas sutiles de tu ser todo.
Adoro escudriñar por los intersticios y las oquedades que me asaltan en el camino.
Adoro hacer restallar mi mano sobre tu dulce culo cuando lo azoto.
Adoro lamerlo, morderlo, chuparlo, nalguearlo, arañarlo y verter toda la savia de mi ser cuando estas disponible.
Eres la alegría para mi vista,
eres una visión hipnótica que me deja embobado.
¡Eres el culo de mi vida!

lunes, 4 de noviembre de 2019

Exib


Tengo gusto por la belleza, desde que era pequeño.
Me gusta ver la belleza en cualquier rincón,
en una flor, en una montaña,
en una puesta de sol,
en el horizonte de la mar.

Amo la belleza, la sinceridad, la espontaneidad,
y también el lado de las sombras,
la belleza de lo inhóspito,
de la transgresión.

Soy sadomasoquista prácticamente desde que tengo consciencia de ello.
Y amo la belleza que se encuentra en estas otras formas,
que hacen de la sexualidad,
un arte de vida.

En ese camino transito,
a veces doy luz, otras doy sombra.
Y de ambas caras aprendo,
para convertirme en un ser humano completo.

Por eso os dejo esta muestra creativa del ser,
mitad luz, mitad sombra,
todo en un mismo cuerpo,
el mío.

sábado, 26 de octubre de 2019

Poesía spanko

Recorro tu cuerpo, suave, ondulado, zigzagueante, recostado en el ensueño de tu piel, aromatizada de excelso perfume, embriagando mi mirada, que desea sentarte sobre mis rodillas, acariciar tus nalgas primero, para después atizarte, despacio primero, mas fuerte después, mientras tu te resistes, dulcemente, mientras tu culo juguetón,  se pone al rojo, como la candela que hay ante nosotros.
Y después te recoges en mis brazos, mientras doy caricias de aceite a tus nalgas doloridas.
Y entre besos nos fundimos en un mismo sueño.


lunes, 7 de octubre de 2019

Me dejas sin palabras.

Quiero rescatar aquí el primer relato con el que inicie este blog y al que quiero dar una nueva oportunidad de ser leído.
Lo bueno, es que esta inspirado en un hecho real, aunque el resto sea ficción.
Pero...¿Que es lo verdadero y que es ficción? ¿Puedes adivinarlo?
Espero vuestras respuestas. Muchas gracias.




Me imagino sentado frente a ti, en un restaurante elegante de la ciudad de Madrid, hemos quedado para cenar. Tu vistes una camisa blanca, que entreabierta de botones arriba insinúa una contemplación paradisíaca. Llevas falda ligera, un poco por encima de las rodillas y unos zapatos con un poquito de tacón, pero no mucho, prefieres estar cómoda. Tu pelo suelto, que has peinado para la ocasión. Yo voy con camiseta negra ceñidita, marcando mis incipientes lorcitas por encima de un pantalón vaquero, también ajustado y unas zapatillas deportivas.
Tras un primer reconocimiento facial unos besos unas sonrisas y unos sonrojes nos sentamos y nos ofrecen amablemente la carta. No puedo dejar de observar, sin embargo, que no llevas nada debajo de la blusa, por más que me esfuerce por mirar de reojo sin que te des cuenta, pero te das, vamos que si te das cuenta.
Cual mi sorpresa y después de la primera cerveza entreabres dos botones más de la camisa, de tal manera que muestras tu pecho insinuantemente y corona un ribete de tu areola izquierda por encima del filo. Noto como al hacerlo tus pezones se erizan y se insinúan aún más por debajo de la camisa, que ahora me parece transparente...
Pido enseguida otra cerveza, bien fría por favor, y enseguida pedimos de comer. Nos toman nota y pasamos a una charla muy fluida e inteligente, como si ignoráramos para qué hemos quedado allí. Queremos follarnos mutuamente, sin más expectativas, sin menos placer por ello.
De repente noto como un cosquilleo por debajo de la mesa, que sube por mi pierna arriba y a la vez con tus ojos invitándome a jugar, paso también mi pie, ya descalzo, por debajo de tu falda que te has arremangado hasta el mismísimo coño...
Me suben vapores, sudores...Nos estarán mirando, se estarán dando cuenta la gente.
Llega el primer plato, comemos, pausadamente. El médico me ha dicho recientemente que o como despacio o me va entrar una úlcera...
Entre plato y plato observo como escondes el brazo debajo de la mesa y me parece que estás jugando con tu... dios mío. Pero qué hace esta mujer. Me va a dar algo... ¡Camarero, Champán por favor! Te digo: Voy al lavabo un momento que me están subiendo unos 'sinsudores’ ‘que pa qué’.
Me dirijo al baño, tratando de mantener la compostura, para que no se me note nada, el abultamiento que se me está señalando en el pantalón.
A mi regreso veo que han traído el segundo plato y que han servido el champán. Te sirvo una copa y a continuación lleno la mía, que bebo de un trago.
Pareces nervioso, me dices, y te echas a reír loca de contenta ante la situación.
Ahora ya no te veo solamente guapa, te veo sexy, muy sexy, ya lo creo...
Me da la sensación que tengo una mirada radiográfica, porque noto perfectamente las areolas de tus pezones, morenas pero sin estridencias, marcándose definitivamente a la vista de todos, pues has derramado ¿Intencionadamente? champán sobres las mismas, de tal suerte que tus pezones morenos, también se señalan, como dos unicornios puntiagudos, adivino tan duros, que deseo lamerlos, chuparlos, achucharlos, morderlos, pellizcarlos; allí mismo, delante de todos, delante de todas...
Dame la mano, me dices. Toma, esto es un pulsador a distancia, que cuando le das al botón, acciona un pequeño vibrador, que llevo dentro de mi coño, desde que salí de casa. Me gustaría que jugaras conmigo, aquí, ahora, ya que me excita mucho que me exciten a voluntad de otra persona.
Yo me quedo un poco perplejo al principio, pero con la imaginación desbordante que sabes que tengo, enseguida lo tomo en mi mano y pulso. Al principio no sucede nada, y pulso varias veces seguidas, hasta que noto que empiezas a removerte en la silla y poner una sonrisa de oreja a oreja
Ajá con que eso es lo que quieres no, pequeña sin vergüenza... Le doy otra vez, y exhalas un pequeño gemido que llegan a escuchar hasta en la mesa de al lado. Veo que llevas tu mano otra vez a la blusa y abres otro botón más y desplazas los lados hacia afuera dejando entrever descaradamente tus pechos, que me parecen dos melocotones jugosos. Tus pezones asoman ya con total descaro, y el camarero que se acerca a ofrecernos los postres, no puede por menos que desviar la mirada hacia mí, para no ver tan lindas preciosidades...
Aprovecho que él está aún delante, para preguntarte ¿Y tú querida que vas a tomar? El camarero te mira a los ojos, pero no puede evitar mirarte los pechos también, carraspea, garabatea algo en el papel, nervioso, se sonroja; y yo aprovecho para subir de potencia el vibrador que llevas alojado en tu coño, con lo que das un respingo y derramas la copa de champán, vertiéndosela encima al camarero....
Jajajajaj no reímos los tres perversamente. Al agacharse el camarero para recoger la copa, se fija en que tienes la falda remangada y que está acariciando tu rizado vello púbico con deleite y con pasión. Enseguida vuelvo señora, te dice, y le traigo para secarse...
Nos reímos abiertamente. Nunca antes había estado tan excitado en público con una mujer. Eres extraordinaria haciéndome sentir así.
Cuando por fin vuelve el camarero con un secante y un quitamanchas, nos obsequia con otra botella de champán, que descorchamos de inmediato. Bajo un poco el volumen del vibrador, porque estas tan chorreando en la entrepierna, que se ha mojado un poco tu falda. Te abrochas unos botones, aunque tus pezones siguen marcándose, para deleite de todos los presentes, que ya nos miran descaradamente.

Ostrassssss
Me has dejado sin palabras.
Pedimos la cuenta. Nos recomponemos un poco y nos levantamos de la mesa, con todo la dignidad posible, ante la mirada disimulada del resto de comensales. Pagamos y nos vamos cogidos de la mano, pero antes de salir por la puerta, te agarro de la cintura y te beso, desesperadamente, ardientemente, profundamente. Es como si nos hubiéramos follado la mente, sin apenas tocarnos y a la vista de todos. Te juro, que quiero más cenas como ésta.


sábado, 5 de octubre de 2019

martes, 1 de octubre de 2019

Pisando fuerte

Mi participación en la propuesta "Pisando Fuerte"
desde el blog de GINEBRA BLONDE
Más participaciones AQUÍ





Temblando Como Un Flan, Aunque Muy Gustosamente


(Autor: ©Raphael Coquine)

¡Cómo me meto en estos líos!

Recibí la invitación de aquel extraño, al que solo conocía por mesenger y por facebook, y aunque me había llamado la atención desde el principio, por su simpatía pero sobre todo por la autenticidad que percibía en sus palabras, y porque se mostraba sincero a la hora de hablar de sus preferencias y de sus necesidades, así como se interesó por las mías, que nunca antes había hecho una cosa así.

Tener una cita con alguien desconocido, para tener solo sexo.

Un pellizco en mi coño, me alertaba de que algo sabroso, algo placentero, podía esperar de aquel encuentro.

Solo me había pedido una cosa, solo una.

_¡Quiero que te pongas estos zapatos en el primer encuentro!—me dijo—por mesenger y me envió una foto de los mismos.

Eran unos zapatos de aguja, que me hacían tener el pie totalmente inclinado desde el empeine.

_Espero que no tenga que andar mucho con ellos—pensé—aunque eran extremadamente bonitos, muy finos y elegantes.

Además me pidió también que me pusiera unas anillas de cuero en los tobillos, que se ajustaban a los mismos, con unas correas. En la foto además se podía apreciar que las anillas estaban cogidas por una cadena según se veía en la foto, de tal manera que cuando quisiera andar de pie, me costaría harto trabajo.

Pero era tal el pellizco en el coño... Que me subía para arriba, que hasta la vulva se me hinchaba nada mas de pensarlo, estar ante él, desnuda, en una habitación de hotel, a merced de un hombre al que no conocía casi de nada. Ufff, la emoción me podía más que el temor que sentía al mismo tiempo.

Y luego estaba lo del candado. ¿Qué significaba? ¿Qué me lo pondría y me lo quitaría a voluntad?

Bueno no quería pensar en ello.

Al cabo de pocos días recibí un paquete grande. Me apresuré a abrirlo nada más llegar a casa. Allí estaban los zapatos, eran preciosos, finos, altivos, en el fondo yo también me veía así, a veces, jejeje... Y le acompañaban las tobilleras de cueros. Me los puse, caminé un ratito con ellos. También me coloqué las tobilleras, eran de piel fina, como de cabritilla, no me molestaban en absoluto. Me mire al espejo y me sentí muy sexy y muy excitada también, lo reconozco...

Llegó el día de la cita. Me preparé, me puse guapa, atractiva, muy sexy, me coloqué unas medias cogidas con un liguero, para que mis pies se parecieran a los de las foto y un corpiño color carmesí ribeteado con un bonito encaje, nada de bragas, prefería tener mi coño peludo, negro color azabache, al aire, nada de sujetador, mis tetas al aire y solo cubiertas por un hermoso abrigo tres cuartos, que dejaba mis piernas al aire. Me dirigí al hotel que habíamos reservado, pedí la llave en recepción, subí hasta la habitación, me acomodé y me dispuse a esperar. La excitación mojaba ya mi entrepierna.

Cuando sonó el teléfono lo cogí al instante, estaba deseosa, y totalmente lubricada ¡No me lo podía creer lo que me excitaba toda aquella situación!

—¿Sí?


—¡Hola! ¡Estas ya ahí supongo!

—Sí —me apresuré a contestarle en seguida.

—Bien, estoy en recepción, subo enseguida, cojo el ascensor y llamo a la puerta.


Nada más oír el timbre de la puerta me apresuré a abrir. Y allí estaba él, de pie, elegante, vestido con unos vaqueros, una camiseta por fuera y una chaquetilla de lino, abierta, sin abotonar.

Nos besamos tímidamente en las mejillas, pasamos adentro, directos a la habitación que tenía preparada con todo lujo de detalles, las velas, el incienso, una luz tenue, una temperatura ideal para poder permanecer desnudos...

Así lo habíamos pactado, nada de preámbulos.
Enseguida reparó en mis pies.


—A ver, déjame que te vea —me dijo— quiero comprobar cómo te quedan. Estas realmente magnífica toda tú. Eres verdaderamente hermosa y estoy ansioso por nadar sobre tu cuerpo.


Me invitó a recostarme en la cama. Me despojé del abrigo de tal manera que quedé desnuda con los zapatos puestos, con las dos tobilleras puestas, las medias y el liguero, sin bragas con mi pubis al aire todo el desmelenado, y mis tetas al aire también, aunque pequeñitas, bien erguidas y con los pezones de punta, totalmente erguidos por la excitación.

Se dirigió con decisión a mis pies, acarició los zapatos, que fue quitándome con suavidad, acarició mis pies a continuación, los acarició sumamente por encima de la media, aspiró su olor (menos mal que estaba recién duchada), subió sus manos hacia arriba y hacia abajo deslizándolas por mis medias. La piel se me erizaba bajo el tacto de sus manos. Desabrochó un liguero, y retiró delicadamente la media que cubría esa pierna. Acto seguido hizo lo mismo con la otra media. Todo muy despacio, como si de un ritual se tratase. Acariciando la piel al tiempo que deslizaba hacia abajo la media. Como adorando un templo sagrado, el de mi cuerpo.

Cogió un pie entre sus manos, y empezó a chuparme el dedo gordo, despacito, como el que chupa un chupa chups con deleite, ensalivando poco a poco, y dando pequeños muerdos al mismo, de tal manera que provocaban en mí, una intensa excitación. Mis jugos vaginales empezaban a deslizarse por la entrepierna, detalle que no le pasó desapercibido.

Siguió deslizando su lengua por todo la planta, luego dedo a dedo, dándome pequeños mordisquitos en cada uno de ellos, prosiguió con el talón, los tobillos y comenzó a deslizar su lengua por la pantorrilla y por el interior de los muslos, entre ambas piernas, de tal modo que su cabeza quedo entre mis muslos. Mi excitación estaba alcanzando un torrente poderoso, unos movimiento y una convulsión que no sabía si podría aguantarme más, antes de estallar.

Sinuoso como una serpiente se movía de manera ascendente y descendente, y también me mordía en el interior de los muslos, hasta que oía un lamento y quejido mío, que interpretaba como señal para que continuara ascendiendo.

Cuando llegó a la altura de mi vulva con su lengua, yo ya estaba chorreando, mis labios estaban carnosos y jugoso, mi clítoris, estaba prominente, diciendo ven cómeme.

Y pareció oír la llamada, porque enseguida se aplicó sobre él. Despacio, como todos sus movimientos, dando vueltas sobre el mismo, deslizando la lengua arriba y abajo, de lado a lado, chupando de manera rítmica, succionándolo y luego soltando, y volviéndolo a coger otra vez. Luego mordiéndolo, incrementando la intensidad y el ritmo del movimiento.

No pude contenerme más y estallé en convulsiones que me hicieron levantar mis caderas apoyando los pies en la cama, elevándome y hundiéndome repetidamente mientras él se afanaba por no soltar mi vulva, dejando el coño totalmente arriba para luego hundirme en lo más profundo de la cama, llevándome las manos hasta la vulva, acariciando los labios, el pubis, el clítoris, retorciéndome de gusto, delante de aquel hombre, expuesta, desnuda, entregada...

Cuando me repuse un poco, me besó despacito, con besos pequeños, jugosos, siguiendo un caminito desde mi pubis, pasando por mis tetas hasta llegar al cuello, las orejas y finalmente los labios...


—Quiero más —me dijo— esto solo ha sido el aperitivo. Pero ahora quiero que me des permiso para colocarte la cadena atando tus tobillos.


Un escalofrío de pasión volvió a recorrer mi cuerpo desde lo más profundo de mis entrañas.

Había gozado tanto que estaba dispuesta a experimentar todo el gozo del mundo con aquel hombre. Tal era la fascinación que ejercía en mí.


Relato perteneciente a la propuesta: "Pisando Fuerte"





domingo, 29 de septiembre de 2019

Poesía erótica




Me gusta sentir
que se te eriza la piel   
bajo mis dedos.

Sentir los poros de tu piel
que se elevan
y se ponen tiesos como espigas.

Sentir como tus botones areolados,
se erizan también,
se elevan hasta erguirse completamente.

Sentir mi espiga dorada
cómo se eleva
hasta la enervación total.

Me gusta cómo me miras
con ese blanco de tus ojos, asombrada
que infringen en mi la herida.

La herida de lo invisible
que no se reconoce abiertamente,
pero que está,
y que debe seguir siendo invisible.

Me gusta sentir como te abalanzas a mis brazos
y me acoges, te recoges,
me atraes, te atraigo
entrelazados en una fusión total.